domingo, 29 de abril de 2012

IV Congreso de la Palabra: Palabra en obras


El Instituto de la Cultura de Guanajuato realizó por cuarta vez consecutiva el exitoso Congreso de la Palabra. Silvia Molina, Antonio Malpica, Mónica Hoth, Carola Díez, Eliana Pasarán, Julio Edgar Méndez, Leopoldo Navarro, Levit Guzmán y otros destacados creadores participaron del 23 al 27 de abril en unas jornadas tan inolvidables como las de las ediciones anteriores del Congreso. Es notable la respuesta del público año tras año, pues centenares de voluntades han sido arrebatadas por el entusiasmo que genera la palabra y personas que se han sentido convocadas han acudido a enriquecer el Congreso con sus aportaciones, su entusiasmo, curiosidad y análisis. 
Tuve el honor de ser invitada a compartir mi camino literario en la clausura del Congreso, el 27 de abril a las 6 de la tarde, donde construimos entre todos un vibrante diálogo. Como en el Primer Congreso de la Palabra, dedicado a la oralidad, donde presenté el proyecto Voz y Mirada, en este consagrado a las maneras de leer, nos fuimos del auditorio del Hotel Hotsson, pero nos quedamos y nos quedaremos siempre en la Palabra.

El Naranjo y Copo de Algodón: presentes




Palabra en obras
Por María García Esperón

En el fondo de cada palabra, dijo un poeta francés, Alain Bosquet, asisto a mi nacimiento. Cuando por algún merecimiento o por un don podemos llegar al fondo de las palabras, es entonces que nacemos.
Y en ese momento de privilegio, el mundo nace con nosotros. Se hace nuevo, nos situamos en el centro de los acontecimientos, en el centro mismo de nuestra propia historia, en el centro del devenir, y ya no nos escapamos hacia el olvido, sino que misteriosamente permanecemos en la memoria.
Porque somos seres destinados a la Memoria, por don o por merecimiento. Porque somos seres que rehuimos el olvido, esa enfermedad del alma, como la definió Platón. Y para derrotar el olvido tenemos precisamente la Palabra.

Durante la conferencia de Julio Edgar Méndez y Leopoldo Navarro

La Palabra nos tiene. De ella, de la Palabra como portadora de Memoria, quiero hablarles y describirles un poco el camino de asombro que he recorrido desde que escribí la primera frase de mi primera novela, centrada en el mundo griego y construida en torno al primer impreso de la historia: el disco de Festos, un mensaje dejado por hombres remotos y confiado a una fosa en un palacio de la isla de Creta hace 3600 años.
Escribí imantada por ese antiguo mensaje, todavía indescifrado. Por esos jeroglíficos que yo intuía palabras y que sin cesar me hablaban sin revelarme su secreto desde que los descubrí, adolescente, en un libro de arqueología que al azar hojeaba.
Pero ¿existe el azar? No si de letras se trata, no si de la palabra se trata. No si se trata de la memoria. No si se trata de leer la voz escrita de un ser humano o de varios que quisieron dejar una huella de su paso por este sueño que llamamos vida. A los 14 años el disco de Festos me habló, y quedó para siempre en mi memoria.

Con Jesús Rodríguez, coordinador de la Biblitoeca El Nigromante

Pasaron muchos años y yo, por leer al lado de mi hijo literatura infantil y juvenil, sentí la necesidad de escribir un libro. El tema advino a mi conciencia como una saeta: el disco de Festos. En el año 2003 yo había descubierto apasionadamente Internet y sus recursos y sentí que por alguna razón misteriosa, el disco de Festos de los antiguos minoicos y la red de redes tenían que asociarse, siendo ambos en un sentido una especie de laberinto. Y escribí la novela poniendo como personaje principal a un joven francés real que mantenía por entonces un muy completo sitio web, desde la óptica del aficionado, si se quiere, pero con el entusiasmo y pasión que los aficionados tienen por los temas que aman.
La investigación corrió al parejo con la creación literaria. La Memoria y la Imaginación se conjugaron en un ejercicio literario que me resultó apasionante por sí mismo. Creaba personajes y podía conversar realmente al menos con uno, Philippe, el chico francés, que seguía los pasos de mi novela con un enorme entusiasmo, nos comunicábamos a través de una caja de chat, situación que se recrea en la novela. Y de este modo me empecé a acercar al centro del misterio del disco de Festos. En la parte de investigación, los estudiosos del disco insistían en el hecho de que no podía descifrarse a menos que se encontrara un objeto parecido, otro disco que portara algún signo afín.

José Alberto López García  es coordinador general de las Casas de Cultura en Guanajuato

Al terminar de escribir el libro, fue publicado en la revista National Geographic un hallazgo portentoso: en Alemania, en Sajonia Anhalt, buscadores de tesoros habían encontrado un disco de bronce con incrustaciones de oro que figuraba el cielo estrellado y al que de inmediato se empezó a llamar El Disco del Cielo.
Y de inmediato, con ese título, me puse a escribir la continuación de mi novela, a la que había llamado “El Disco del Tiempo”. La llevé a un concurso importante de literatura infantil y juvenil y casi me olvidé, tan absorta estaba en la ficción que había emprendido, en esa vida en las páginas, en ese brillo de oro del otro disco, que lleva en su superficie uno de los signos del disco de Festos: los siete puntos que figuran las Pléyades, esas estrellas tan importantes en el hemisferio norte, tan relacionadas con la agricultura y las lluvias. Las Pléyades, ese signo de 7 puntos, empezó a dibujarse ante mis ojos como una Palabra.
Pasaron los meses y el Conaculta y la Editorial SM me informaron que había ganado el premio El Barco de Vapor. De esta manera mi novela y mi sueño, mi amigo francés y mi pasión adolescente por el disco de Festos pasaron a formar parte de un libro. Se convirtieron en Palabra, en portadora de Memoria. Y desde 2004 este libro ha sido apetecido por muchas escuelas en México, Centroamérica y Chile por su temática centrada en la cultura griega y porque presenta un mundo interrelacionado a través de internet.
Apenas el año pasado, supe que el Ministerio de Cultura de Costa Rica había adoptado El Disco del Tiempo como parte de las lecturas oficiales para secundaria. Por esos meses, National Geographic –otra vez!- realizó un programa de televisión para su serie los expedientes antiguos X, centrada en el disco de Festos. Para protagonizarla invitaron a una persona extraordinaria, un estudioso británico apasionado de Grecia y en particular del disco, que ha adoptado Creta como su patria y se ha casado con una arqueóloga griega. Gareth Owens se llama este estudioso, quien al revés de todos los demás expertos del Disco de Festos afirma que el desciframiento está cercano. Él también relacionó el mundo de las computadoras con este objeto tan antiguo y llevó el disco a un musicólogo para que a través de un programa de computadora lo tradujera a un patrón musical. Y así fue, así se hizo. El experimento reveló la estructura del mensaje, pues se repite una especie de estribillo. Una rima. Es un poema, un himno, tal vez en honor a la Diosa Madre de Creta, que no es sino la Madre Universal, la intemporal, la única, el Eterno Femenino de Goethe y nuestra madre concreta, la de cada quien, la que nos ama y espera, y la Madre Tierra.

Con Alex, Pepe y Liliana, los organizadores del Congreso de la Palabra

Y, aquí viene lo emocionante, en esos meses ese investigador brillante, una especie de Indiana Jones académico y muy gentil, se comunicó conmigo pues había visto mi libro en Amazon y me solicitó atentamente que se lo enviara. Lo que hice de inmediato, también llevada por fervor patriótico. No es común que esos intereses arqueológicos provengan de Latinoamérica, son las escuelas arqueológicas del Reino Unido, Francia y Alemania principalmente, las que han apostado capital e inteligencia para develar el pasado de Europa. Pero es que el pasado de Europa es también nuestro pasado, como latinoamericanos, pues tenemos las dos tradiciones, la occidental y la indígena americana. Tenemos todas esas Palabras y nuestra aventura humana tiene la obligación o el fervor de develarlas todas.
Volviendo a lo emocionante, desde 2004 yo he publicado en internet –primero en sitios web y después en blogs- mucho material en torno al disco de Festos. Conectado con la emisión del programa de National Geographic que les cuento, comenzaron a llover en el blog que dedico a mi novela El disco del tiempo multitud de visitas de países hispanohablantes.
El Disco de Festos era propiedad británica, y francesa, en un sentido! Y con este sueño, con esta novela juvenil y su reverberación en internet, se ha contribuido a aumentar la cultura del disco de Festos en el mundo hispanohablante. He tenido además interesante correspondencia con profesores costarricenses especialistas en cultura clásica que se han interesado en el libro y han elaborado material para que los alumnos de ese país puedan comprender cabalmente el mundo de Europa y de Minos, de la princesa Ariadna y su madre Pasífae, de Teseo y el Laberinto. Nada más y nada menos que la cuna de los mitos.
Y ya que hablamos de mitos, es misión del poeta, dijo el gran Jorge Luis Borges, hacer que las palabras vuelvan a sonar como mitos. Que las palabras con minúscula vuelvan a ser Palabra. Así, con mayúscula. Que eso de sagrado que tienen los mitos permee en el discurso cotidiano. Que volvamos a ser grandes de palabra, que rescatemos el lenguaje de la destrucción y del olvido, que temblemos como enamorados ante la belleza de una sola palabra, por ser portadora de tanta memoria, de tanto anhelo, de tanto amor.
No hay nada más hermoso, más eufónico y misterioso, que el nombre del ser amado. Es la palabra por excelencia, la que brota en los paisajes que recorren nuestros ojos. Ese nombre es sagrado, inagotable, puro como el agua pura, melancólico y esperanzado. Sentido en sí mismo, talismán de inmortalidad y de memoria
–Amar a alguien es decirle: tú no debes morir, dijo Gabriel Marcel.
Por el amor, que nos hace ver a los otros como los ve la divinidad, dijo Borges.
Pues así, como el nombre del amado, es todo el mundo a la luz de la Palabra.
Ella, la Palabra, nos presenta todo el mundo atravesado por ese vibrante misterio, por esa belleza ineludible que nos hace enamorarnos, que nos llena de entusiasmo, que nos lleva a emprender aventuras como la que les he narrado, en el curso de las cuales caminamos como si lleváramos una antorcha encendida en la mano, sí, como la llama olímpica, para que nunca se extinga el fuego en el altar de la Palabra. Para que sigamos siendo seres de inmortalidad y de memoria. Brillantes y vivos. Renacidos. Para que seamos Palabra de honor, palabra de amor, Palabra en Obras. Depende de nosotros.


Todo es Palabra en la clausura del IV Congreso de la Palabra

Frente al gobelino del hotel Hotsson de León

Silvia, María del Carmen y Mara y Todo es Palabra


En la clausura del IV Congreso de la Palabra, en la ciudad de León, Guanajuato, pudimos compartir con más de 300 maestros, bibliotecarios, promotores de lectura y más entusiastas del libro y su magia algunos poemas que Aurelio González Ovies dedica precisamente a la Palabra. Jesús Rodríguez, Coordinador de la Biblioteca El Nigromante de San Miguel Allende y yo comentamos la experiencia que tuvimos en la biblioteca el mes de marzo que hicimos el voto y el compromiso de lanzar la poesía del creador asturiano para todo México, desde el corazón de México. Leí el primer poema de "Tocata y Fuga" y para terminar ese poema breve que el poeta ha titulado "Desiderium" y que enunció para todos mucho de lo que ocurrió en León en estos días, en torno a eso que llamamos Palabra.
 "Todos quisiéramos dejar aquí un poema como la vida..." dice Aurelio en ese poema que llovió en forma de hojas de colores sobre los asistentes, que se sintieron dichosos de atraparlo al vuelo.
Posteriormente realizamos un pequeño video con la espontaneidad de quienes nos quedamos conversando al final del Congreso sin querer romper el círculo mágico: Julio Édgar Méndez, escritor brillante y hombre de palabra, Levit Guzmán, locutor, Pepe López García, Coordinador General de las Casas de Cultura de Guanajuato, Javier Orozco, editor, escritor y catedrático; Mara Rodríguez Briones, que iba en pos de Palabra para llevar a la biblioteca del Instituto Oviedo de León, María del Carmen Pérez, psicóloga, Silvia García de Ling, entusiasta promotora de lectura y el joven Christian Ramírez, que realizó el apoyo técnico durante las conferencias.


sábado, 21 de abril de 2012

En el nombre del libro: Hacia una nueva Alejandría





En el nombre del libro

Hacia una nueva Alejandría


Por María García Esperón


En el nombre del libro… Hacia una nueva Alejandría… ¿Qué hay en estas expresiones, en estas palabras que dan título a la charla que sostendremos hoy, en una tarde mexicana del siglo XXI y del incipiente tercer milenio?
Hay mucha historia. Hay esperanza en la palabra, en la comunicación entre los seres humanos y hay una voluntad por ir hacia el pasado para traer sus mejores tesoros a este nuestro presente que nos aparece a veces desorientado, perplejo, hambriento de palabra, de sueños, hambriento de libertad y de libros.
Los libros, dijo Jorge Luis Borges y me gusta repetirlo, son extensiones de la Memoria y de la Imaginación. Así, con mayúsculas: Memoria. Imaginación. Memoria para los antiguos griegos era una diosa, Mnemósyne y era la madre de las Musas, por tanto la madre de las artes y de la historia.
Imaginación es la facultad relacionada con esa capacidad que tenemos los seres humanos de convertir nuestros sueños en realidad.
Otro poeta, Federico García Lorca, dijo que los mitos creaban al mundo.
Y el mito es en muchos sentidos un sueño.
Y el mito es en muchos sentidos una palabra.
Los sueños y las palabras, queridos amigos, crean el mundo. O mejor: crean un mundo más pleno, más sensible, más bello.
En esa creación de mundos bellos, sensibles y plenos, el instrumento  por excelencia es el libro. Y en su nombre les propongo que hagamos un viaje en el tiempo y en el espacio y nos traslademos desde el tercer milenio al primero –unos trescientos años antes del primero-; del siglo XXI al siglo IV a.C., del fugitivo presente al misterioso pasado.

Y en el nombre del libro brota el nombre de una ciudad: Alejandría. El faro del mundo antiguo. La Ciudad del Faro. La Ciudad de la Biblioteca. La primera que justamente podría llamarse la Ciudad del Libro.
Antes de ser una ciudad, Alejandría fue un sueño. El sueño de un ser humano excepcional, que se llamó Alejandro y a quienes sus contemporáneos y la posteridad honraron con el epíteto de El Grande, el Magno. Alejandro Magno.
Este gran soñador, como han sido aquellos que nos han entregado el maravilloso mundo en que vivimos, además de ser príncipe de Macedonia, guerrero por destino y conquistador del mundo, era un apasionado del libro, que por aquel entonces tenían forma de volúmenes, esto es, de rollos. Es fama que dormía con los rollos de la Ilíada y con una daga macedónica bajo la almohada. Las letras y el poema homérico lo impregnaron de tal modo que su conquista de Oriente se inicia en Troya –en la actual Turquía- donde dejó una ofrenda en el túmulo de Aquiles. Siempre quiso comportarse a la altura de los héroes que veneraba, ser digno de los dioses y ser digno de sus sueños.
Por eso la ciudad que lleva su nombre, la inmortal Alejandría de Egipto, participa de esta cualidad misteriosa. Es un mundo surgido de un soñador. Es un mundo surgido de un nombre. De todo eso que resonaba en el nombre de Alejandro.
En Egipto, donde fue aclamado como Libertador, navegó de Menfis al Delta y en las proximidades del Lago Mareotis visualizó el sitio ideal para hacer una ciudad. Estaba tan convencido, miraba tan bien el futuro, que arrastró a arquitectos e ingenieros en una caminata frenética: aquí será el mercado, aquí el templo, aquí el camino real. Quería dibujar la ciudad en el suelo pero no tenía cal, y un hombre le ofreció un saco de harina. Casi inmediatamente después de trazada sobre la base de la clámide (capa) macedonia, las aves descendieron a alimentarse y esto se convirtió en un oráculo. Alejandría alimentará a muchas generaciones de hombres.
Pues ese sueño nos sigue alimentando.
Alejandro no vio construida su ciudad. Llegó a ella muerto, momificado en un carro magnífico. Su compañero de armas Tolomeo, que reinaba en Egipto, logró quedarse con el cadáver real que todos disputaban, para de este modo hacer sagrada la ciudad de Alejandría, la nueva capital de Egipto.
Y se construyó una tumba magnífica, llamada a veces Sema y a veces Soma, que en griego significan respectivamente, Tumba y Cuerpo. Ya Alejandría estaba dividida en cinco barrios, designados con las primeras letras del alfabeto griego: alfa, beta, gamma, delta, épsilon, que tradicionalmente componen por sus iniciales una frase griega: Alexandros basileus genos Dios ektise genos aeimneton (Alejandro, hijo de Dios construyó una ciudad memorable).
La ciudad del Faro. La Ciudad del Museo. La Ciudad de la Biblioteca.
Nunca tantas cosas han sido pensadas por tantos sabios extraordinarios en un solo lugar: la Biblioteca.

Aristarco de Samos entrevió el giro de la tierra alrededor del Sol, calculó las distancias relativas entre el sol, la tierra y la luna. Hiparlo de Nicea vislumbró la precesión de los equinoccios. Aristófanes de Bizancio edificó el primer diccionario y Euclides alumbró su geometría. Allí los poetas del mundo helenístico avanzaban ilusionados y vestidos de blanco para hacer entrega de sus volúmenes. Allí pasaron admirados Julio César, y Augusto y ahí y sólo ahí se tradujo la Biblia al griego.

La Biblioteca… ¿qué era, que no es la biblioteca sino un diálogo con la cultura? El diálogo no se puede destruir, no se puede quemar. Cuando los árabes tomaron Alejandría en el siglo VII la cultura grecorromana estaba exangüe. Ya los cristianos habían despedazado a la matemática Hypatia y arrancado las inscripciones jeroglíficas del templo de Filoé.

Dijo Bernard Shaw en su obra “Antonio y Cleopatra” que la Biblioteca de Alejandría es la Memoria de la Humanidad. Esta Memoria es sagrada, ¡sigue siendo una diosa! En su nombre y en el del libro volvamos de este viaje de palabras que hemos hecho, retornemos de los orígenes deseados y contemplemos desde el siglo XXI y el albor del Tercer Milenio la posibilidad de una nueva Alejandría, brotada también de un sueño, y hecha a la medida humana, como la antigua fue trazada siguiendo el contorno de la capa de Alejandro.

Hace 7 años, yo le escribí en forma de novela una larga carta a Alejandría, a una ciudad sumergida, a una Biblioteca quemada, borrada o hundida, a un faro de ojo ciego. Esa carta siguió un camino que yo solamente podría describir como mágico: ganó un concurso internacional, se convirtió en un libro, fue distribuido en varios países latinoamericanos y se llama precisamente “Querida Alejandría”, uno de los libros que conforman la selección del proyecto “Libros Libres” que hoy me trae ante ustedes. Este libro ha transportado mi sueño y lo ha puesto ante los ojos de muchos jóvenes, principalmente, a los que he podido transmitir mi amor por Alejandría, por su biblioteca, por su conocimiento y por su poesía.  Quiero pensar (y quiero soñar) que todo esto construye una nueva Alejandría donde no hay fronteras ni barreras ni guerras ni incendios ni destrucción de bibliotecas, sino un diálogo que construye humanidad.

Un sueño es un acto íntimo. Surge de la interioridad más profunda, de ese lugar donde duermen y se alimentan nuestros anhelos, nuestros deseos. No hace falta ser ni famoso ni poderoso ni personaje histórico para que ese acto íntimo que se llama sueño  se ponga en operación y nos entregue y entregue a los demás un mundo nuevo y esperanzado, una nueva Alejandría.
En el nombre del sueño y en el nombre del libro, muchas gracias.


*Conferencia pronunciada en el Auditorio de Bancomer para el lanzamiento del programa Libros Libres, auspiciado por Ediciones El Naranjo, en la institución.

La presentación a cargo de Raúl Henry

Con Angélica Antonio y Raúl Henry frente a los libros libres

Con Ana Laura Delgado y Raúl Henry

Con Nora Patricia, doctora en medicina y lectora impresionante.


Aurelio González Ovies: El poeta que viene del Norte




martes, 10 de enero de 2012

Desiderium, de Aurelio González Ovies


Todos quisiéramos dejar aquí un poema
como la vida,
un verso en pleamar como una playa,
un verso infinito como una claridad,
un verso mortal como un disparo,
un verso donde esté escrita la pena trashumante
con todas sus guitarras,
un verso en que se posen los acontecimientos.

Todos quisiéramos marchar libro adelante
a través de una historia que se aleja
o el jardín de algún nombre muy antiguo
o morir para siempre en una página.
Porque todo nos nombra,
todo nos dice, todo nos afirma,
todo nos inunda.

Todo es mentira y es verdad y es ilusión y frío y nombramiento
y libertad y cárcel.

Todo es palabra.

jueves, 24 de noviembre de 2011

Viaje al centro de la felicidad

Viaje al centro de la felicidad
La lectura como eudaimonía

María García Esperón

Los niños lectores encuentran en el libro el espejo de su condición sagrada.

Estamos aquí para hablar de libros y de jóvenes en primer lugar del sentimiento más poderoso que la lectura convoca, el que emana desde la primera página hasta la última, el que queda flotando en el aire cuando se cierran las tapas de estas extensiones de la memoria y de la imaginación, que como dijo Borges, son esencialmente los libros.
Para el sabio Aristóteles, toda vida es una eudaimonía: una tendencia hacia la felicidad. En este sentido, todo volver las páginas y repasar con el dedo los renglones, evocar alguna palabra, un verso o una historia leída es una voluntad de felicidad. Leer, así, sería una ética que persigue la felicidad como su fin último, pero una ética y una persecución que va encontrando su fin en su mismo hacerse, en su mismo leer y leerse.
Quien practica un arte o un deporte ha sentido ese estado especial que parece crear una burbuja protectora a su alrededor: al bailar el estrés se suspende, al pintar los colores del mundo cambian de velocidad y de tesitura y se hacen amables, al entonar la piel y los músculos en el juego en equipo y acelerar la sangre y el entusiasmo queda un remanente de buen humor y de apetencia de más juego, de más oxígeno, de más colores. Los artistas y los jugadores repiensan el mundo y lo re-sienten, lo resignifican y lo dignifican.

Quienes leen mucho han soñado mucho. Y quienes mucho han soñado y leído también han amado incansables, han amado por toda la eternidad y gracias a que han leído ese amor que se vive en todas las letras del mundo se conservan eternamente jóvenes.

Así el lector distendido en su libro, a pegaso de letras y alado de párrafos vuela en pos de espacios felices que son el vuelo mismo. Un libro y un filme –La historia interminable- han tipificado admirablemente esos momentos mágicos en que nos urdimos de letras al introducirnos valerosos y confiados, guerreros y amantes en lo que dicen los libros, en lo que nos dicen los libros.
Porque al leer dejamos de ser nosotros mismos para convertirnos en nosotros mismos pero plurales, polidimensionales, potencialmente infinitos. Cuando la infancia descubre la lectura en este sentido no apetece juego más alado, magia más absoluta. Los niños lectores encuentran en el libro el espejo de su condición sagrada. Porque la infancia es ese estadio de la edad humana en que la realidad se percibe en su misterio completo, en sus colores prístinos, en su sol absoluto, en sus cuevas llenas de tesoros y en el amor inmortal y dulce y misterioso y puro.
Quienes leen mucho han soñado mucho. Y quienes mucho han soñado y leído también han amado incansables, han amado por toda la eternidad y gracias a que han leído ese amor que se vive en todas las letras del mundo se conservan eternamente jóvenes. Porque han labrado su interioridad con el cincel purísimo de la conciencia de quien ha escrito esas letras que filtran su sonido como una caracola por el oído todo ojo del lector, sobre todo cuando éste es un niño, cuando ésta es una niña.

Porque nos reconocemos felices cuando leemos. Felices y satisfechos. Porque en nuestro leer tenemos la llave para hacernos felices, para alcanzar el ser pleno.

El arduo Gilgamesh de la voz cuneiforme pidió a Utnapishtim le revelara el secreto de la inmortalidad. Con gusto lo haré, dijo el Noé babilónico, te lo diré en el curso de mis historias, que has de escuchar sin dormir, aunque te parezcan largas o con vocablos y expresiones sin aparente pertinencia. Entreverados en mis sentencias, mis descripciones, mis memorias encontrarás la inmortalidad, la juventud, el amor, la eternidad. ¡Pero no te duermas, Gilgamesh! Y Gilgamesh cansado por el viaje emprendido y por sus muchas aventuras, se duerme y no se entera. Del mismo modo el dormido Odiseo no se enteró que estaban a su alcance los perfiles de su Ítaca cuando sus compañeros abrieron la bolsa de los vientos que los llevaron otra vez al exilio y a la incertidumbre que obtienen quienes no están despiertos del espíritu, quienes no escuchan con la mente, quienes no leen con la piel y el amor y la esperanza y los ojos bien abiertos.

Porque no basta leer por prescripción y convertirte en estadística o en índice de lectura. Hay que leer despierto, hay que despertarse en los textos. Hay que despertar al texto. Besarlo con el amor del alma, beberlo con toda la sed de los desiertos, romper los cardos y las ortigas de los cien años de olvido, atravesar con la espada del entusiasmo al dragón de la indiferencia, a la hidra de la ignorancia conforme, al leviatán de la moda que uniforma y tipifica y anestesia la conciencia anhelante.

Porque nos reconocemos felices cuando leemos. Felices y satisfechos. Porque en nuestro leer tenemos la llave para hacernos felices, para alcanzar el ser pleno, otra vez: eudaimonía eufónica y sinfónica, donde escuchamos resonar nuestras potencias intelectuales y afectivas como si de un concierto se tratara, donde escuchamos con los ojos las voces de nuestro pasado y percibimos el murmullo esperanzado de nuestro futuro. Leer es la experiencia completa, la máquina del tiempo, la alfombra mágica, el viaje efectivo y poderoso al centro presente y perfecto de nuestra propia felicidad.

*Conferencia pronunciada en el Infonavit. México, D.F. Febrero 2011

Magia y literatura en la escuela: un proyecto sin fronteras

Magia y literatura en la escuela
Un proyecto sin fronteras

María García Esperón

Un proyecto cultural sin fronteras
Cada vez son más las voces que se levantan a favor de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) en relación con la escuela. Su paulatino empleo por profesores que han descubierto en los blogs unas herramientas extraordinarias para potenciar las inquietudes que se generan el salón de clase y que no tienen cabida en los horarios escolares ni son contempladas por los programas institucionales, muchos de ellos elaborados antes de que la revolución comunicativa que ha traído internet se manifestara.

En el ámbito de la animación a la lectura, tarea que la sociedad ha venido dejando en manos de la escuela debido a los complicados horarios de trabajo de los padres, a la configuración de la familia moderna y a la actitud apática que muchos adultos tienen con respecto a la literatura y a la poesía en relación con los niños, los recursos que brinda internet se han revelado como complementarios a esas extensiones de la memoria y de la imaginación que dijo Jorge Luis Borges que son los libros.
Quien esto escribe es una amante de la letra impresa pero también una entusiasta de la sociedad de la comunicación –que no de la unidireccional información- que puede ser posible a través de internet. Soy una escritora nacida en la red –mis primeros libros premiados comenzaron a escribirse en foros internacionales consagrados lúdicamente al estudio y disfrute de las culturas antiguas. Estando además muy interesada en el proceso educativo de mi hijo, ahora ya un adolescente, reflexioné en cómo construir una obra para niños que reflejara el amor por la cultura y el libro tradicionales y que al mismo tiempo pudiera vincularse con las poderosas herramientas que brinda Internet.
De este modo surgió mi libro “Las cajas de China”, que plantea el descubrimiento y estudio de las antiguas civilizaciones orientales de una manera lúdica, a través de narraciones encadenadas al modo de Las Mil y una Noches, en las que los protagonistas siempre son niños, niños antiguos a quienes les ocurren cosas que pueden sucederles a cualquier niño en cualquier época de la historia.
El libro, publicado en 2009 en Colombia bajo el sello de Hillman publicaciones, llegó a manos del educador y poeta asturiano Alfonso Pascón, con quien he sostenido una fructífera amistad por internet desde hace ya un año en un intercambio de conocimientos tecnológicos –cómo construir un blog, aprovechar los recursos, difundirlo, vincularlo, etc- y de apreciaciones estéticas al disfrutar la poesía para niños de varios autores y difundir la obra del poeta asturiano Aurelio González Ovies a través del medio del videopoema, que se nos reveló como el vehículo ideal para atravesar fronteras y dar a conocer la palabra universal del autor asturiano en diversos países de Hispanoamérica.
Este intercambio generó un lenguaje común entre un educador español y una escritora mexicana, que vino a cristalizar el lunes 16 de mayo de 2011 en el Colegio Público Guillén Lafuerza de Oviedo, al que acudí presencialmente al término de mi participación en el I Festival de Poesía Infantil Ciudad de León, que fue el motivo de mi viaje a España.

La escuela como espacio mágico

Un ambiente especial se vivió esa mañana
Alfonso Pascón, apoyado por todo el cuerpo de maestros de la escuela, convirtieron esta oportunidad en una experiencia extraordinaria para los estudiantes de todos los grados, desde Educación Infantil hasta 6° de primaria, abordando la lectura de mis libros de narrativa “Las cajas de China”, “El Duende No”, “La Limonada” y de mi poesía para niños disponible en internet –“Sombraluna”, “Aires de Donaire” y “Rimas de hadas” desde una perspectiva lúdica.
Y esta fue la varita mágica para dirigir la energía y la curiosidad característica de los niños hacia un objetivo preciso: la literatura –narración, poesía- sirve para extender la memoria y la imaginación, ya sea a través de un libro, de un pdf, de un texto digital o de la memorización gozosa de un poema. La literatura es ese lugar donde ocurren los descubrimientos más intensos, siendo el principal el de nosotros mismos. La literatura es el lugar de la libertad y de la magia verdadera y cuando es aprovechada por los educadores la escuela adquiere esa connotación preciosa de laboratorio donde el fin principal es el ser humano, libre, feliz, confiado, en continuo crecimiento intelectual, espiritual y afectivo.

Para lograr este ambiente, esta especie de cable eléctrico que conectaba los salones y sus niños y maestros deseosos de recibir la visita de la escritora para tener el interlocutor que esperaban y mostrarle lo que habían logrado a propósito de la lectura de los libros, Alfonso Pascón transformó el discurso visual de la escuela con los objetos más sencillos que se puedan imaginar, pero también los más poderosos: siete sobres colocados en lugares estratégicos –el primero pendía de un hilo en la escalera- en cuyo interior estaban escritas las indicaciones para moverse por la escuela e ir al encuentro de los chicos. Pero no eran unas simples instrucciones, sino poemas que hablaban con la magia de la sencillez y de la fe infantiles en lo maravilloso que estaba a punto de suceder. Poemas sin firma, anónimos y por lo mismo todavía más mágicos, que al ser leídos ante los niños en diferentes puntos del recorrido hacían de inmediato su efecto y creaban un espacio dentro del espacio, un espacio extraordinario.

Educación Infantil: donde todo puede suceder

Duendes, magia, piedras mágicas
Entre los más pequeños la experiencia se tiñó de una luz especial. La percepción de los niños de 3 a 5 años –lo saben educadores y madres- participa de la noción del mundo maravilloso. Los niños necesitan mitos y poesía porque el lenguaje del mito y de la poesía es el que está más próximo al de la primera infancia. Con estos pequeños las educadoras “trabajaron” tres de mis rimas de hadas, que aprendieron de memoria y entonaron por grupos. Previamente habían realizado ilustraciones de hadas ayudados por sus padres en dibujos llenos de toda la fe poética que poseen los niños. Ataviados con gorritos de duendes, los pequeños fueron ambientados con música especial y abandonaron la sesión más que caminando, bailando, inundados de alegría.

De una lengua a otra: por un mundo sin fronteras

En la escuela conviven niños de culturas diversas
Nuestras sociedades, afortunadamente, cada vez son más abiertas a las diferencias y en las aulas llegan a acudir niños provenientes de culturas e idiomas diferentes y su condición se respeta y valora y no se cae en los errores de otras épocas de hacer sentir al otro que tiene que olvidar su cultura para asimilarse por completo a la nueva.
En esta experiencia vivida el lunes 16 de mayo, un hecho llamó la atención de todos: Yin, una niña china, sin que nadie se lo pidiera, tradujo uno de los poemas del libro “Sombraluna” al chino. Lo hizo para ella en primer lugar, no para mostrarlo ni lograr un elogio o una distinción, sino como una manifestación de su creatividad y del proceso que esta pequeña vive al integrarse a una educación en castellano mientras en casa vive los valores, las tradiciones y el idioma de su cultura materna.
Una niña de 9 años, con este sencillo hecho, protagonizó ella sola un paso gigante en el encuentro de culturas diferentes. Demostró que no hay fronteras y que los idiomas pueden abrazarse, conectó dos universos, unió oriente y occidente. Apreció este poema y para hacerlo más suyo lo llevó de la mano a la lengua de sus padres, lo convirtió en su mundo, el verdadero, el mundo de sus adentros.
En este mismo espíritu, es digna de encomio internacional la educación pública que se imparte en Asturias por la atención que brinda a la lengua asturiana. En países como México, de gran riqueza lingüística, este tema es muy sensible y en las comunidades rurales de importante presencia indígena se intenta preservar las lenguas. Editoriales como el Fondo de Cultura Económica y Conaculta editan hermosos álbumes ilustrados con textos y poemas en mixteco, zapoteco, náhuatl, purépecha… En esta experiencia vivida en el Guillén Lafuerza, uno de mis poemas para niños disponibles en Internet, “Era un viejo barco”, fue traducido al asturiano -"Yera un barcu vieyu"- y leído por los chicos en emocionantes segundos en los que la literatura tomó o retomó la vestidura incomparable de la oralidad y de la vida.

Leer, conocer, investigar, saber


Los chicos emprendieron
investigaciones formales
El mundo mágico hambriento de mitos y cuentos de las edades primeras deja su lugar –sin irse nunca del todo- al ejercicio de la intelectualidad, el razonamiento y la abstracción. Los niños desde 4° grado empiezan a abordar el estudio de la Historia ya no como un cuento, sino como un proceso en el tiempo, donde hay causas, efectos, fechas, nombres, etc. El libro de “Las Cajas de China” presenta datos históricos concretos envueltos en el lenguaje de la ficción. Los chicos de 5° y 6°, guiados por sus maestros, emprendieron investigaciones en torno a las tres civilizaciones representadas en el libro: Egipto, China y la India, estableciendo conexiones y comparaciones entre ellas desde un punto de vista más formal, expresado a través del periódico mural del aula. Además, en 5° grado, la maestra ilustró el tema de la estructura del romance, que es parte del programa de Lengua, a través de la lectura de los poemas de “Sombraluna” que yo como autora construí precisamente en octosílabos como un homenaje al Romancero español.


Aprender y crear

El gato Miw y el arte naïf
Hace unos años, en México se aplicó en algunas escuelas públicas un novedoso programa; “Aprendiendo a través del arte”. Coordinado por Samuel Morales, que fuera investigador y funcionario en el Museo de Arte Contemporáneo Internacional Rufino Tamayo, el proyecto consistía en que los niños expresaran algún tema del programa escolar a través de obras plásticas, que realizaban bajo la dirección y enseñanza de jóvenes artistas plásticos mexicanos. Las obras de los niños fueron expuestas en el Palacio de las Bellas Artes de la Ciudad de México.
En el Guillén Lafuerza de Oviedo, el grupo de 3°, cuyo tutor es precisamente Alfonso Pascón, realizó una experiencia semejante a la mexicana que les comento. Aplicando los principios del arte naïf –que se inspira en las creaciones de los niños-, y dirigidos por Alfonso, los chicos expresaron uno de los personajes de Las Cajas de China, el gato Miw, en unas creaciones plásticas extraordinariamente logradas, que capturan de inmediato la percepción del espectador y que atrapan y otorgan la esencia del personaje.


Creación poética


Una dinamización de los procesos de lecto escritura como la que se vivió en el CP Guillén Lafuerza, dispara en algunos niños la creatividad poética, como fue el caso de Carla, de 4º grado, quien de manera espontánea envió un poema al correo de la escritora, asegurando además que haría una campaña poética entre sus compañeros para animarlos a escribir poesía y sugiriendo crear un blog especial para cuentos escritos por niños. 

Prospectivas y Érase una vez

Con "los sapos", el grupo de 3ª y su tutor, Alfonso
Las TIC con cuya mención comencé estas líneas que pretenden reflejar una de las más ricas experiencias educativas de las que he sido testigo, brindan a los chicos y a los maestros la oportunidad de continuar el contacto con los autores y de enriquecer con su diálogo la literatura infantil y juvenil del siglo XXI. Es tan obvio que no debería mencionarse, pero a la vez es tan maravilloso reflexionar que en este mundo que se está creando las fronteras entre países no existen y que en el caso de España e Hispanoamérica los contactos que estamos estableciendo educadores, niños, padres y creadores a través de internet están configurando una nueva cultura ante la que podemos sentirnos optimistas. Las TIC no son propiedad de ningún poder ni de ninguna orientación, son un medio de comunicación al que cualquiera puede acceder desde un ordenador personal. No hay que detenerse ante la aparente dificultad de algunas herramientas en primer lugar porque los niños, que son nuestro fin último, no se detienen. Ellos son nativos digitales y enfrentan con toda naturalidad la constante evolución de los lenguajes en la Red.
En los siete años que llevo como autora de literatura infantil y juvenil he visitado muchas escuelas en Colombia y México. El CP Guillén Lafuerza fue mi primera escuela española. Y en todos los casos he encontrado niños efervescentes y deseosos de saber, de aprender, de viajar a través de las páginas a las antiguas culturas, de escuchar poemas y de decirlos.


“Las Cajas de China” es de los que he escrito, uno  de mis libros favoritos, porque entraña la posibilidad de que ocurran procesos y experiencias llenas de magia y entusiasmo como los que he expuesto. Para que un libro se convierta en una experiencia extraordinaria no basta con que el autor lo haya escrito con talento y que la editorial lo haya editado con belleza y márketing. Lo más importante es que del otro lado, en la escuela y en el aula, haya un adulto dispuesto a comprometerse y arriesgarse, a entregarse y darse él mismo como regalo, a regalar y regalarse la expectativa de lo maravilloso, la luz de la transformación. Un adulto, maestro o padre, maestra o madre, o tío o tía o hermano o amigo de la familia o hermana mayor. Porque los niños, que son el objetivo de todos nosotros, padres, educadores, escritores, editores... ellos responden siempre. Y siempre nos sobrepasan, nos sorprenden, nos reeducan y nos crean de nuevo, de nuevo nos hacen creer con todas nuestras fuerzas, como a todos los que vivimos ese lunes 16 de mayo en el Guillén Lafuerza de Oviedo, que la magia existe y que “Érase una vez…”




Agradecimientos


A Alfonso Pascón, por haber desarrollado al máximo la propuesta literaria y cultural de "Las cajas de China".
A Aurelio González Ovies por haber hecho posible mi estancia en Oviedo y por haber llenado el colegio con la magia incomparable de su poesía.
Al Consejo Nacional para la Cultura y las Artes y a Consuelo Sáizar por el apoyo otorgado para la realización de mi viaje a España.
A Jaime por abrir el colegio que dirige a la aventura de esta propuesta.
A Sabina, por creer.
A todos los maestros del CP Guillén Lafuerza por convertir la literatura en vida.
A todos los niños del colegio por su sonrisa, su entusiasmo, su presente y su futuro.