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miércoles, 23 de noviembre de 2011

El canto del mirlo: El lenguaje del Universo

El cantu'l tordu: el lenguaje del universo

Por María García Esperón


 Asómate a les sílabes
más altes de la palabra home,
lo más al norte de la xeografía la carne,
lo más al borde de su abismal esencia.
 (Aurelio González Ovies. El cantu'l tordu)


Siendo muy niño, escribió Baudelaire, abrigué en el corazón dos sentimientos contradictorios: el horror por la vida y el éxtasis ante la vida. 

Dos certezas igualmente positivas, que contradictorias se alzan en el resplandor de su unidad.

En El cantu'l tordu, del poeta asturiano Aurelio González Ovies, la contradicción de quien, como muy pocos, siente la vida plena y necesaria y al mismo tiempo fugitiva, se hace una con el lenguaje que siempre ha sido, hecho de pulsaciones y cadencias, de elocuentes balbuceos y de xiblíus, de calor, de lluvia, de estaciones, de pupilas de pájaros negros en las que se disuelve la noche.

 But I know, too,
that the blackbird is involved
in what I know.
W.S.

La cita de Wallace Stevens que abre las puertas de este libro grávido y tenue acusa la mano que lo ha escrito, la que penetra hasta el último secreto  del canto de ese tordu  para hacerse una con su lenguaje.

Y este es el lenguaje del todo y de la nada, el que aprenden los príncipes de cuento al comer la lengua de un ruiseñor, el conocimiento que se bebe en un elíxir imposible, en la pecaminosa disfrutada fruta prohibida, ante una blanca pared zen con los ojos ya rotos de sueño, que se entrevé en el enésimo giro del sufí, en un jeroglífico de Akhenaton o en el romance umbro de la muerte hermana de Francisco.

Al too y a la nada,
gracies.

Al aire, por nun ser plomu
entovía
gracies.

En el xiblíu que atraviesa las páginas orbita una muy vieja y murmurante memoria, la de las causas y las consecuencias, la de las junturas entre las cosas, las asociaciones eternas aunque invisibles y olvidadas, recordadas renacidas en esta agua de inocencia en que el poeta sumerge a las palabras.

La lluz. La tarde. L'home.
El rebañu y el perru que dan vuelta.
Les chimenees qu'asomen sobre
ochobre.
El pueblu; el so silenciu azul de cal y hortensies.
Val la pena ser mortal y de carne.

Tanta beatitú
-un tordu canta-
merez la nuestra ausencia.

Cantu'l tordu que revela desde la primera nota la cosmicidad de su lenguaje, porque su lenguaje es el cosmos que al escucharse a sí mismo se mira, Narciso de otro signo, salvado por la gracia de Eco.

Poder del ecu...
Per un instante'l valle
tou palabra.

En esa palabra toda nacida de sí, el minúsculo cantu'l tordu  puede serlo todo en el valle infinito del lenguaje, porque ha abierto todos los caminos y transita vertiginoso por las venas del sentido que parten desde el corazón de la Tierra hasta la última estrella insospechada.

Verdad de tabla esmeraldina: el mundo de arriba es el mundo de abajo y quien abre las tenues puertas de este libro grávido se asoma a las sílabas más altas de la palabra hombre  y  en asturiano silabea el abismal, extático lenguaje con que está escrito el Universo.


Aurelio González Ovies
El cantu'l tordu.
Llibrería Académica
Uviéu, 2009

Kyra Galván o el pecado de la inteligencia

Kyra Galván. Foto: María Meléndrez Parada. La Jornada
Por María García Esperón

Kyra Galván es mexicana, economista, traductora, poeta y escritora. Una mujer inteligente engarzada en la contemporaneidad de un país complejo como pocos, que aborda la verdadera y pecaminosa historia de la monja más célebre  después o a la par que Teresa de Ávila: la jerónima Juana de Asbaje, mexicana, científica, lingüista, poeta y escritora. 

Los indecibles pecados de Sor Juana, publicado por Planeta en la serie de novela histórica MR en septiembre 2010 es una historia verdadera. Porque es un camino que la inteligencia ha emprendido para expresar la esencia del "objeto-sujeto" de su andadura. Una monja escritora y famosa en pleno siglo XVII mexicano. Pecaminosa la historia porque tanto la investigación como la connaturalidad afectiva con que procede la artista Kyra Galván para develar la verdad de su objeto-sujeto revela que la monja rompió con la pobreza, la obediencia y la castidad de su condición religiosa, observando -y esto estaría por verse- solamente el voto de clausura.

Una gran erudición tiene este libro en sus cimientos. Pero en ningún momento se antoja pedante ni pomposo. El encanto, aire de los grandes maestros del género, atraviesa cada página otorgando el conocimiento en bocanadas de deleite. El lector verá desfilar al marqués de Mancera y a Leonor Carreto, a María Luisa Manrique y a don Carlos Sigüenza como si fueran sus conocidos de todos los días. La voz narradora de la sobrina de Sor Juana, Sor Isabel María tiene un misterio inquietante, parece salida de la tumba recién abierta de una reclusa en San Jerónimo y es una muerta tan viva como solamente puede ocurrir en el México de Rulfo, de Posada, de noviembre y de Mixquic. 

Macabra y humorista, envidiosa y leal, sentimental y colérica, Sor Isabel María es la autora de estas revelaciones conmovedoras sobre la personalidad de la jerónima, que lee la protagonista femenina, Laura Ulloa, en el curso de una investigación para un posgrado en Sevilla. 

Retrato de Sor Juana
Miguel Cabrera
Juana-Isabel-Laura-Kyra: cadena platónica de voces que se complementan y extrapolan, que juegan en el tiempo y con el tiempo, que pelean desde la condición femenina, que denuncian a los poderes, que se enfrentan a ellos, que saben ganar y que saben perder. Pasa la Inquisición y la sombra de Galileo. Pasa la Iglesia  y de nuevo el poder para castigar el único pecado que no puede perdonarse, el que es verdaderamente indecible, el que justifica la persecución y el soborno y la tortura: el pecado de la inteligencia.

Muerta Sor Juana, el sistema la eleva a los altares. Se estudia y no se lee. Se analiza y no se vive. Se santifica y fija y pule esplendorosa. Pero su grito, cuando emerge, se apaga, se ignora y se ahoga. Cuando entre nosotros una mujer o un hombre demuestra de algún modo una inteligencia excepcional el grupo reacciona apagándolo: ¿Cómo te atreves? Todos somos igualmente peores y tú el peor o la peor de todos. Sólo los pobres de espíritu van al cielo. Lo demás es soberbia, vanidad. Firma aquí, con tu sangre. ¿Listo? Gracias por abjurar aunque todos sabemos que eppur si muove...



Retrato de Sor Juana
Juan de Miranda
Del enigma de la abjuración de Sor Juana, de esos últimos años que tuvo que vivir renunciando a ser ella, expiando el indecible pecado de la inteligencia, Kyra Galván ha construido una hipótesis novelística tan deslumbrante que si non è vera, è ben trovata. Si todo lo que ha develado en este libro excepcional no es cierto, merece serlo, por bien estructurado, por bien hallado por una mente de escritora que ha dejado plasmada en estas páginas su madurez intelectual y gozosa.
En una entrevista de 2010, Kyra Galván manifiesta que ha intentado poner carne a los huesos de Sor Juana. Ha hecho esto y más, mucho más. Ha puesto pasión, motivaciones, olores, colores, lenguaje, detalle, humor, aventura, deliciosa truculencia, suspense, alquimia, humanidad, amor, inmortalidad y poesía. Ha llenado los huecos de la crónica oficial con una imaginación empapada de memoria. Memoria colectiva, memoria lógica, memoria femenina y memoria mexicana. Ha desentrañado a la monja de los billetes y de los libros de texto y hasta de cierta hagiografía para jugar con un desparpajo y una inteligencia que hubieran encantado a la jerónima y que a nosotros lectores y lectoras del siglo XXI nos seducen e interpelan, nos hacen reír y nos hacen pensar, relacionar, volver a leer y volver a mirar.

Venus de Urbino. Tiziano
Porque tiene una gran dimensión iconográfica este libro. La portada basada en una idea original de Ámbar Galán y que obedece a la imaginación de la escritora es ya una alegoría que hubiera aprobado la creadora del Neptuno alegórico. Una alegoría y un sincretismo como Quetzalcóatl y la Virgen de Guadalupe, como Sor Juana misma, como los retablos barrocos y los exvotos: mirada sobre mirada que a fin de cuentas nos mira. Rompecabezas que el lector armará, como armará las piezas dispuestas en una novela que, al igual que todas las grandes obras, nos habla finalmente de nosotros mismos.

En el nombre del nombre

Por María García Esperón

La palabra de Luis Miguel Rabanal discurre en su último libro, "Lugares", por entre las seguridades e incertidumbres de un mapa irisado de nombres de belleza sorprendente.
Nombres cotidianos de la geografía española, de ir al mercado o tomar el tren, de verse con el amigo o perderse una cita,  pero que en el contexto que Rabanal urde adquieren connotaciones metafísicas. Metafísicas y encarnadas. En este texto surcado por espasmos eléctricos, el lugar tiene sus raíces en el cuerpo y viceversa, topología humanizada sin misericordia.

En Las Calandras la niña
se aferra a la vergüenza por fin
y agradece el desdén y el exceso
que se posesionan de sus ingles,
sin término medio.

Si eso ocurre en Las Calandras, en El Pedazo la soledad se apiada de ese tú que somos todos:

Sin tardanza comparecía
a dar la lata la soledad,
se apiadaba de ti desde El Pedazo,
se aferraba a tu cuello
y que el mayor sortilegio terminase
en tus venas.

En La Carcabén se dan cita las pesadillas y Prinderos era el mundo que sobraba, la primera caricia se yergue en La Cerra (¡la Cerra!) y los niños de Filucha se esconden en las cocheras viejas. Sobre Montecorral las brasas, dice el poeta y su voz ya no es su voz, sino la misteriosa del lenguaje que nos tiene manando de su murmurante memoria.

Para qué, si no, tantas
palabras.

Tal vez, para devolvernos la maravilla de las palabras, de esos nombres de lugares gastados como piedras, que al contacto con el agua viva de la poesía de Rabanal emergen aturdidos de origen:

Finge que se asoma y el hombre
recuerda su paso por la calle de Atrás,
escucha todavía el clamor
que pronuncia el arrepentimiento
cuando lo aterra y lo llena de polvo.

La toma de conciencia poética que nos propone Rabanal le ha dado la vuelta a la llave de las palabras. Motín de la etimología, tierra que aterra, polvo que emerge de las letras y nos llena la boca arrepentida, palabras que son nombres y lugares y que surcan el río del texto como dioses desencadenados: Traslafuente, Valdeluna, Oterico, Olleir, Valdaldón...


Volver a llamar por su nombre
al cansancio.
Volver a llamar por su nombre
temido al amor, con su manera
Luis Miguel Rabanal
de andar despavorida y tierna...


Qué inagotable riqueza es capaz de ver este poeta por donde todos pasan, por donde todos son, por donde nadie se detiene a paladear la sonoridad del nombre, su efecto sobre el cuerpo y sobre el alma, la poesía que en este momento y en todos atraviesa alguna calle, se recarga toda agua en el brocal de alguna fuente seca y que, incansable, nos sueña.  O acaso esa riqueza, esos lugares y esas sus palabras han emanado todos del poeta, de Luis Miguel Rabanal capaz de ser fuente de mundo en el nombre del nombre.